5 ago. 2011

Cronica del Gran Diamol...la pelicula de mi vida

-3-
Una vez llegué a casa, tras pasar por un montón de puertas-esta casa es un lio-, me desparramé en el sofá de terciopelo rojo del cuarto de estar.
Encendí el televisor, y programe la tele, no había ni la mitad  de los canales que yo tenía en mi otra… ¿vida?, si se le puede llamar así, ¿una reencarnación, pero por qué? Antes estaba perfectamente, de lo último que me acuerdo es de un chico mono y que grité un te quiero, pero no puedo decir que eso fuera verdad, o puede que solo fuera un sueño. Lo demás estaba en blanco, como cuando un libro termina, o cuando se te bloquea el ordenador…
Empecé a cambiar los canales, rápido y sin pausarme en ninguno de ellos, la verdad es que no tenía ningún interés en la televisión, estaba pensando, demasiado, en mi vida, mi anterior vida, en ese chico tan mono de tercero, y, en el nombre de Kaleb. Estaba harta de pensar, aburrida, me estaba poniendo depresiva.
Intenté buscar algo que hacer para no pensar, y, por fin decidí vagar por toda la casa, que aún no la había visto toda, y quería volver a aquel maravilloso jardín que había después de mi habitación, y averiguar  a dónde conducía la otra puerta violeta que había en este.
Subí por las escaleras puertas y demás que conducían a mi cuarto, luego me dirigí al jardín, y encontré la puerta violeta. La abrí de sopetón, por lo visto no estaba cerrada con llave, y me adentré en un cuarto oscuro y frio.
Era una habitación preciosa, acogedora, con un aire siniestro pero romántico. Las paredes eran de rojo brillante, en el centro de la habitación había una cama redonda, color  violeta. La luz de la estancia era apagada, de color azul cárdeno, como la de las discotecas. Era totalmente diferente a las demás habitaciones, lo único que no cambiaba era ese cajoncito dorado donde se guardaban las llaves, cosa que había por todos lados.
Era perfecta para estar recostada con un chico, cosa que nunca había hecho ni pensaba hacer, aunque quisiera, simplemente por el hecho de que nadie me quiere.
Me acosté en la cama y me quedé profundamente dormida. Sentía como me moría por dentro, como caía en una depresión sin cura, bueno, tal vez si exista una cura, el abrazo de un ser amado. Una lágrima me cayó por la mejilla derecha, no quería llorar, ¡no!, pero no pude impedirlo, mil gotitas empezaron a salir de mis ojos, ojos desconocidos para mí misma, lo único que conocía era lo que más odiaba en el mundo, la marca.
Me desperté de sopetón, con un nombre dicho con coraje en mi cabeza…Kaleb, otra vez la misma voz, solo que con un tono de cabreo. No sé por qué, pero algo me impulsó ha dirigirme a un ordenador que había encima de una mesa. Lo encendí, sin saber si quiera que iba a buscar en él. Marqué en google, y busqué artículos de periódicos viejos.
Tenía un presentimiento de que había algo de mi pasado, tenía una imagen, sí, pero no una historia, sabía cómo era en la “otra” vida, pero solo físicamente, nada más. Algo me decía que había algo importante, algo que marcaría mi vida para siempre.
Creía, sabía, que en uno de esos periódicos estaba la razón, o parte de ella, de lo que me estaba pasando, la doble vida, empezar desde cero.
Ojeé los periódicos del 2006 al 2009, pero en el periódico del 2008 encontré lo que buscaba, supe que ere yo porque aparecía una foto, de unos cadáveres, todos calcinados excepto yo, mi cuerpo muerto.
El artículo ponía:
<< Tragedia en el Gran Diamol:
El pasado evento estudiantil celebrado en el lujoso y nuevo edificio “El Gran Diamol” ha terminado en una horrible tragedia. Un incendio, parece ser que fue provocado, quemó por completo el edificio, estando dentro unas 600 personas, todas resultaron muertas por el fuego, extrañamente todo se encontró sin indicios del incendio, solo recubierto por una especie de polvo blanco brillante y frio como la nieve, uno de los cadáveres estaba en perfecto estado, el de “Vera Darkbird” y en cuanto a los demás, todos quemados. >>
Me quedé paralizada, como un dejavu, un flashback. Entonces vi todo lo que me había ocurrido en la otra vida, deteniéndome más en la tragedia ocurrida y que causaba mi muerte, era como una película sin sonido, como las de “Charlotte”, incolora. Pero no me hacía falta nada más para saber lo que me pasaba, el por qué había vuelto a vivir, había reencarnado.


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